divendres, 13 de gener de 2012

Una gran hoguera



Anoche, tuve una pesadilla. Dragones oscuros, negros como el carbón, en los cuales no se apreciaba nada más que la lengua, ni los ojos ni nada, volteaban por ahí. Eran grandes y feroces. Rugían a la vez que echaban humos por la boca. Grandes llamaradas descontroladas me perseguían. Casi podía oír como mi ropa, se desintegraba. Simplemente era por la calor que producían esos seres.
Corriendo, me caí en aquel suelo todo lleno de piedras que, casualmente, de las cuales no había ni una que no acabara en punta hacia arriba. Por suerte, no me clavé más de tres piedras en el estomago. Me levanté de nuevo. Pero ya era tarde, mi caída, le había dado mucha ventaja al lagarto gigante.  Estaba a pocos centímetros de mi cara, escupió una llamarada y, sin fuerzas para correr  y sin reacción, me abrasó la cara. Curiosamente, la bola de fuego, se iba multiplicando en tamaño. Empezó a bajarme fuego por la garganta, luego llegó a la tripa, de los brazos salían llamas naranjas, las piernas eran ya el fruto de una gran hoguera.
Al terminar, mi cuerpo estaba completamente negro y desintegrado. Me faltaban trozos de piel, estaba muy mal, parecía  el residuo que queda cuando el cadáver de una persona se empieza a deshacer. No se diferenciaba lo que era la cara, las manos o el tronco, solo se veían agujeros y, como mucho, por la forma, aunque no se podia apreciar, podías diferenciar un poco las partes del cuerpo




Y chicos, yo me pregunto: ¿es normal que sueñe estas cosas?

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