dimecres, 16 de novembre de 2011

Sin salida.

Me faltaba la respiración, el oxígeno empezaba a escasear. Estaba encerrada en menos de un metro cuadrado. Estiraba los brazos y, lo unico que podía palpar, era las paredes de esa diminuta habitación. 
Llevaba un vestido muy extraño. Era como si hubiera salido de un cuento de princesas. Era de un tejido azul electrico. Tenía varias capas debajo. Una de ellas era de raso. Era un tanto incomodo. 
La habitación tenía uno de los lados de cristal. Al mirar por de ese ventanal, veía un montón de personas que parecían disfrutar viéndome ahi, encerrada, sin salida. Veía sus caras como soltaban carcajadas. Como si formara parte de un escaparate en el que la gente sufre y, encima está en la espectación de todo aquél que quiera reirse de una pobre señorita que está siendo humillada.
Lo pasé muy mal. Sudava. Tube suerte que no duró mucho. Al poco tiempo, sonó el despertador. Una ola de alivio, recorrió mi cuerpo. 

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